Jesús trae el cambio
25. octubre. 26

Jericó disfrutaba de un clima agradable en invierno. Los manantiales de agua dulce la convertían en una gran y próspera ciudad-oasis. Las principales rutas comerciales pasaban por Jericó. Cada día transitaban por ella cientos de peregrinos y comerciantes. La aduana de Jericó era una auténtica mina de oro. Quien podía permitírselo, vivía en Jericó.

Precisamente aquí vivía y trabajaba Zaqueo. El jefe de aduanas de Jericó, como propietario de tal puesto aduanero, debía de haber sido, desde nuestra perspectiva actual, un millonario. ¡Y este millonario de baja estatura quería ver a Jesús! Ningún obstáculo le disuadió: él, el rico jefe de aduanas, se subió a un árbol como un niño y esperó.

Y, efectivamente, Jesús vio a Zaqueo y se invitó a sí mismo a su casa. Para Jesús era importante estar con él. ¿Por qué? Porque Jesús vino a buscar a los perdidos y a salvarlos.

Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido

Lucas 19,10

Jesús no se impone a nadie. Pero si te abres a él, habrá un cambio en tu vida.

Texto bíblico sobre el tema: Lucas 19,1-10

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