Al comienzo del año, la gente hace buenos propósitos. ¿Quizás perder algunos kilos, hacer más ejercicio y cuidar la salud? Alcanzar estos u otros objetivos sería una satisfacción. Hoy en día, se nos anima constantemente a alcanzar nuestras metas.
A menudo no logramos los objetivos deseados o imaginados y nos conformamos con nuestros buenos propósitos y algunas mejoras superficiales de apariencia. Es un poco como cuando se rocía oro sobre un metal sin valor. Todo parece dorado, pero bajo la capa brillante sigue quedando el metal sin valor.
La oferta de Jesús no se reduce a rociar por encima, sino que es una verdadera paz, perdón y amor. Los textos bíblicos nos abren un camino de reconciliación con Dios y con nosotros mismos. Si le hablas a Jesús sobre tus metas en la vida, él te ayudará a escoger, a recordar solo lo que es mejor para ti y a alcanzarlo, paso a paso.
Os dejo la paz. Mi paz os doy.
Juan 14,27a
Texto de la semana: Evangelio de Juan 15,1–17
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