Para satisfacer su necesidad de identidad, el ser humano debe formar parte de una historia. Cuando no tiene nada que contar, pierde vigor y energía. Las naciones, las culturas, los sistemas políticos y los pueblos
tienen su propia historia, la cuna de sus tradiciones. Si ignoramos nuestras raíces, nos perderemos en ideologías y fábulas en las que caeremos presos.
La Biblia describe cómo se fundó la tierra y revela el origen del ser humano. Dios quiso que esta historia se nos transmitiera por escrito, para darnos identidad y estabilidad. La tierra y sus habitantes fueron creados de la nada por Dios. Solo Dios es capaz de hacer surgir de la inexistencia especies maravillosas y vivas.
«En el comienzo de todo, Dios creó…». Así es como comienza la historia de la Biblia. Nuestro Diseñador Divino diseñó nuestro planeta, los animales y las personas. Tú que estás leyendo estas líneas no eres producto de la casualidad. Fuiste creado con amor, con la mejor intención y de una manera maravillosa. Eres parte de la historia de Dios, y no una parte insignificante.
Texto de la semana: Colosenses 1, 14-17 / Génesis 1, 1-25
¿Orar? ¿Qué gano yo con eso?
¿Cuántas veces intentamos obtener algo mediante la oración? Con esa actitud, desgraciadamente nos...