El acceso al garaje, en fuerte pendiente, estaba cubierto de una gruesa capa de nieve. La panorámica del amanecer era de gran belleza. Sin dudarlo, intenté despejar la entrada. Hacía frío y la nieve escondía un fondo de hielo. Apenas había empezado y ya me había caído. Gracias a Dios acabé con solo unas contusiones.
Una bella panorámica puede ser muy engañosa, porque la verdad se esconde bajo la superficie. ¡Esto puede aplicarse a los aspectos más diversos de la vida! Muchas personas se sienten seducidas por ofertas tentadoras y se dan cuenta demasiado tarde de que se mueven sobre el hielo.
Dios nos coloca sobre una base sólida sobre la cual podemos construir nuestras vidas con seguridad. Sobre esta base, gracias a lo que Jesucristo consiguió, descubrimos el perdón de nuestras faltas y la liberación de nuestra culpa.
A los que creen en lo que él ha hecho, les promete vivir con ellos para siempre.
El hombre se fija en las apariencias. Yo me fijo en el corazón.
1 Samuel 16,7b
Texto de la semana: Hebreos 3,6–15
¡Voy a fijarme bien en mis pensamientos!