Cuántas veces intentamos obtener algo a través de la oración. Por desgracia, con esa actitud nos perdemos lo mejor que Dios quiere regalarnos. ¡En la oración regular le traigo a Jesús mi ira, mi orgullo, mi codicia, mi egoísmo, mi envidia, mis celos, mis pensamientos impuros, mis mentiras, mi impaciencia, mi desesperación y mis desánimos! ¡Al confesar y soltar, gano una nueva libertad!
Así fue como dejé de temer a esas fuerzas invisibles que a menudo intentaban atormentarme. Cuanto más me libero y me entrego al Dios todopoderoso, más siento su fuerza que me sostiene. Desde que empiezo a comprender que lo que cuenta no es mi rendimiento, mi relación con Jesús adquiere unas dimensiones completamente nuevas. Él es mi amigo y se me revela en la oración. Me quita mis cargas y me hace verdaderamente libre.
Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos.
Efesios 6,18
¿Qué ganas al rezar?
Texto bíblico sobre el tema: Efesios 6,10-19

