Muchas personas desean, en algún momento de su vida, tener tanto dinero como para ser felices. Otras piensan que, si emplean su tiempo de forma útil, se sienten bien. Otras, en cambio, buscan la plenitud en las relaciones. Todas estas cosas solo llenan nuestro vacío interior de forma limitada.
Seguramente eso también lo sabe la mujer de la que habla la Biblia. Se encuentra con Jesús en el pozo del pueblo a la hora más calurosa del mediodía. Es algo muy inusual. ¿Quién va a buscar agua a la hora más calurosa del día? Pero esta mujer debe de tener sus razones. Creo que es una marginada en su pueblo. Todos hablan de ella, pero nadie le dirige la palabra. Sin embargo, a Jesús eso no le molesta. Él sabe que esta mujer tiene una profunda necesidad de llevar una vida plena.
Lo que Jesús hace aquí se corresponde exactamente con lo que Dios desea: quiere entablar un diálogo contigo y conmigo. Esto es posible gracias a Jesucristo. Jesús se nos aparece precisamente allí donde lo necesitamos. Es decir, allí donde estamos solos, en medio de nuestra necesidad.
¿Te has planteado alguna vez qué es lo que realmente te llena en la vida? Jesús dice: «Tu sed de vida puede saciarse de verdad. ¡Yo puedo darte la verdadera paz!».
Pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.
Juan 4,14
Jesucristo ES la vida, la vida plena, la vida eterna.
La vida que hoy puedes comenzar en comunión con Dios perdura más allá de la muerte.
Texto de la semana: Juan 4,1-30

