Me encanta hablar del «regalo inmerecido» de Dios. Esta nueva vida que Él quiere regalarnos demuestra lo infinito que es su amor. Dios entregó a su único Hijo, quien murió por nuestros pecados.
Ya no tienes que expiar tus faltas ni ganarte el favor de Dios con buenas obras. Jesús ya lo ha hecho por ti. Su gracia es imposible de merecer.
Sobre esta base, estamos llamados a «hacer el bien». La nueva vida, sustentada por el amor de Dios, da frutos de gratitud y generosidad. Esa es la idea y el propósito divinos para nuestra vida.
Eres una persona amada, creada por Dios. Las personas que te rodean pueden darse cuenta de ello cuando escuchas a Dios y haces lo que Él te recuerda como idea o encargo.
Somos creación de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios de antemano ya había planeado. Efesios 2,10
¿Y si «hacer el bien» no fuera un esfuerzo moral, sino simplemente una consecuencia natural de quién eres?
Texto de la semana: Efesios 2, 1-10

