¿Qué es Pentecostés?

¿Qué es Pentecostés?

Jesús había dicho a sus seguidores que esperaran a que el poder del Espíritu Santo viniera sobre ellos. Así que se reunían cada día para orar y esperaban juntos el suceso del que Jesús les había hablado. La mañana de Pentecostés, a eso de las 9, resonó un gran ruido como de un viento fuerte. Mucha gente fue corriendo por curiosidad a la casa donde estaban reunidos los discípulos. Vieron cómo tenían lenguas de fuego en sus cabezas y cada uno predicaba en una lengua desconocida. Durante la fiesta de Pentecostés llegaban judíos de todo el mundo a Jerusalén. Por medio del Espíritu Santo, los discípulos pudieron predicar en lenguas extranjeras. Muchas personas fueron tocadas profundamente al escuchar el mensaje en su propia lengua. Otros se limitaron a decir que seguramente estaban borrachos.

Entonces Pedro se levantó y declaró que Jesús, a quien habían crucificado, había resucitado y les había prometido que el Espíritu Santo les llenaría. Exactamente eso es lo que había ocurrido. Entonces explicó a todos que el Hijo de Dios vino al mundo. Vivió como un hombre sencillo, pero hizo grandes señales y maravillas. Fue perseguido y crucificado a causa de nuestros pecados. Después de su discurso, llamó a los judíos a entregarse a Jesús y ser bautizados.

Así, 3.000 personas se unieron ese día al grupo. Seguramente fue un momento maravilloso, pero también un gran reto multicultural. Entonces, los primeros cristianos vivían en comunidad y lo compartían todo. Desde Jerusalén, la buena noticia de Jesús se extendió por todo el mundo. El Espíritu de Dios vive en sus seguidores dando consejo, consuelo y seguridad de vida eterna. Podemos estar seguros de que Jesús volverá y vendrá a recoger a los suyos.

¿Estás preparado para encontrarte con Jesús?

De pronto, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde estaban.

Hechos 2:2

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Texto bíblico para profundizar: Hechos 2:1-42

¿Qué es la ascensión?

¿Qué es la ascensión?

Más de 500 personas vieron con sus propios ojos y atestiguaron que Jesús había resucitado y estaba vivo. Fue con ellos a Betania, los reunió y les mandó que fueran a todas partes y contaran lo que habían vivido. Pero antes debían esperar en Jerusalén hasta que fueran bautizados con el Espíritu Santo. Entonces los bendijo y subió al cielo en una nube. Esto sucedió cuarenta días después de la Pascua, del día de la resurrección. Jesús regresó al cielo. ¡Es la ascensión!

Atónitos, los discípulos miraron al cielo y quedaron asombrados por lo que estaba ocurriendo ante sus propios ojos. De repente aparecieron dos hombres con ropas blancas y les preguntaron: “¿Por qué miráis hacia arriba? ¡Este Jesús que estuvo entre vosotros y que ha sido llevado al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que le habéis visto ir allá!”. Llenos de gran alegría, volvieron a Jerusalén y alabaron a Dios.

¡La ascensión es esperanza, porque Jesús volverá de la misma manera como se fue! ¡Vive con Jesús y tendrás todas las razones para alabar a Dios! No solo lo hacemos cantando, también podemos alabar a Dios con el corazón, con la voz y las manos, todo depende de la actitud de nuestro corazón.

—Galileos, ¿qué hacéis ahí, mirando al cielo? Este mismo Jesús que estuvo entre vosotros y que ha sido llevado al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que le habéis visto ir allá.

Hechos 1:11

¿Qué significado tiene Jesús en tu vida?

Texto bíblico para profundizar: Hechos 1:2-12 / Romanos 8:31-38

¿Hay esperanza?

¿Hay esperanza?

Los romanos acabaron con la esperanza de la gente en aquel hombre de 33 años llamado Jesús que curaba a los enfermos. ¿Por qué le mataron sin razón ni escrúpulo? Dos hombres de camino a Emaús discutían sobre ello. Se les unió un desconocido que no paraba de hacerles preguntas. Parecía no saber nada de los trágicos acontecimientos de los últimos días. Aun así, les explicó que todo debía ocurrir tal y como lo predijeron las Sagradas Escrituras. El debate fue tan intenso que invitaron al hombre a cenar. Cuando el “desconocido” oró dando gracias y partió el pan, reconocieron que era Jesús resucitado. ¡En ese mismo instante desapareció! –“¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?”, se dijeron el uno al otro.

Poco después, Jesús se reunió con los otros diez discípulos que se habían encerrado. —“¡Que la paz sea con vosotros!”. ¡Enseñó sus manos y sus pies perforados por los clavos a los asustados hombres y comió con ellos! Con paciencia les explicó, a partir de la Palabra de Dios, que él era el Salvador prometido. Jesús, la esperanza, era real, tangible, estaba justo en medio de ellos. Él está vivo, él está ahí, puedes experimentarle, incluso hoy.

Al igual que los discípulos tenían todavía mucho que aprender, nosotros también. Podemos conocerle a través de la Biblia y cuando creemos en él podemos experimentarlo personalmente. Podemos hablar con él y experimentar cómo actúa en nuestra vida. Jesús nos ofrece este camino de fe y confianza. A pesar de que en ese momento se le podía ver físicamente, muchos tampoco creyeron en él. Así que no importa si le vemos o no. La fe significa esperar, sin ver todavía. Nosotros tenemos el privilegio de poder crecer en una verdadera y profunda relación con él.

¿Quieres una relación personal y llena de esperanza con Jesús?

Ved mis manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tocadme y mirad: un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.

Al decirles esto, les mostró las manos y los pies.

Palabras de Jesús en Lucas 24:39-40

Texto bíblico para profundizar: Lucas 24:13-49

¿Realmente está vivo?

¿Realmente está vivo?

Un soldado clavó su lanza en el costado de Jesús. Fluyó sangre y agua, con lo que se confirmaba la muerte. Un fariseo, que creía en Jesús, recibió la autorización de Pilato para llevar el cuerpo a una tumba donde no se había sepultado todavía a nadie. Después pusieron una piedra grande delante de la tumba, su entrada fue sellada y custodiada por soldados.

Entre los seguidores de Jesús había un profundo dolor, temor y pánico. Una de ellos, María Magdalena, fue al sepulcro por la mañana temprano y vio que la piedra había sido removida. Pensó que quizás alguien había robado el cuerpo. De repente, Jesús estaba delante de ella y le habló en su tristeza. Completamente cambiada, corrió a los discípulos: “Jesús ha resucitado como dijo”. Inmediatamente, Pedro y Juan corrieron al sepulcro y todo estaba tal y como les había contado María. Sintieron una mezcla de alegría, esperanza y duda, hasta que apareció Jesús y les habló. Tomás no estaba con ellos y, como dudaba, dijo: “Solo lo creeré si puedo poner mis dedos en sus heridas”. Una vez más, Jesús apareció entre ellos e invitó a Tomás a tocarle, y él creyó.

En otra ocasión fue con sus discípulos cuando estaban pescando. Él ya había preparado el pescado en el fuego. Comió con ellos y les demostró esta verdad: “¡Aquí estoy, estoy realmente vivo!”. ¡La resurrección es la prueba definitiva de que Jesús es el Hijo de Dios prometido! Fue fiel a su misión y obediente a su Padre.

Por eso Jesús es el único camino a la vida eterna. Quien confía en él puede estar seguro de su salvación y de tener parte en el Reino de Dios. Jesús es el Rey de Vida. Primero vino al mundo como Siervo y Salvador, y al final volverá como Rey y Juez.

-¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado.

 Lucas 24:5b-6a

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Comprueba tú mismo estas cosas en Mateo 28:1-15 y 1 Corintios 15:1-58.

Texto bíblico para profundizar: Mateo 28:1-15 y 1 Corintios 15:1-58.

El Hijo de Dios

El Hijo de Dios

“Si realmente eres el hijo de Dios, ¿por qué no bajas de la cruz?”, se burlaban. El mal parecía triunfar en ese momento. La respuesta de un Jesús marcado por el dolor fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Un hombre que fue crucificado al lado de Jesús le pidió: “Acuérdate de mi cuando comiences a reinar”. Jesús le contestó: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. A su discípulo Juan le pidió: “Cuida de mi madre”.

¿Cuidarías de los demás si estuvieras pasando un dolor insoportable y en agonía de muerte? ¿Cómo pudo hacerlo Jesús?

Sus últimas palabras, “Consumado es”, muestran su amor por el Padre y la obediencia a su misión. Su sangre fue el precio para la reconciliación de la humanidad con Dios. ¡El intenso grito de muerte de Jesús en medio de la oscuridad tuvo su eco el domingo de resurrección! La luz del mundo sigue brillando y la esperanza de vida le ha arrebatado el poder a la muerte.

Cuando la tierra tembló y el velo del Lugar Santísimo del templo se rasgó de arriba abajo, el Hijo de Dios restauró el acceso a Dios para todos nosotros. Todos aquellos que confían en Jesús, el “cordero del sacrificio”, serán perdonados. ¡El amor de Dios nos llega a través de Jesús para que seamos reconciliados!

El oficial que lo presenció todo dijo: “¡Reamente este es el Hijo de Dios!”. Al igual que entonces, también hoy, uno se arriesga a que le consideren anticuado o simplemente ignorante si confía en Jesús.

¿Crees lo que declaró el oficial?

Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Lucas 23:34

Texto bíblico para profundizar: Mateo 27:45-54