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¿Hay esperanza?

¿Hay esperanza?

Los romanos acabaron con la esperanza de la gente en aquel hombre de 33 años llamado Jesús que curaba a los enfermos. ¿Por qué le mataron sin razón ni escrúpulo? Dos hombres de camino a Emaús discutían sobre ello. Se les unió un desconocido que no paraba de hacerles preguntas. Parecía no saber nada de los trágicos acontecimientos de los últimos días. Aun así, les explicó que todo debía ocurrir tal y como lo predijeron las Sagradas Escrituras. El debate fue tan intenso que invitaron al hombre a cenar. Cuando el “desconocido” oró dando gracias y partió el pan, reconocieron que era Jesús resucitado. ¡En ese mismo instante desapareció! –“¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?”, se dijeron el uno al otro.

Poco después, Jesús se reunió con los otros diez discípulos que se habían encerrado. —“¡Que la paz sea con vosotros!”. ¡Enseñó sus manos y sus pies perforados por los clavos a los asustados hombres y comió con ellos! Con paciencia les explicó, a partir de la Palabra de Dios, que él era el Salvador prometido. Jesús, la esperanza, era real, tangible, estaba justo en medio de ellos. Él está vivo, él está ahí, puedes experimentarle, incluso hoy.

Al igual que los discípulos tenían todavía mucho que aprender, nosotros también. Podemos conocerle a través de la Biblia y cuando creemos en él podemos experimentarlo personalmente. Podemos hablar con él y experimentar cómo actúa en nuestra vida. Jesús nos ofrece este camino de fe y confianza. A pesar de que en ese momento se le podía ver físicamente, muchos tampoco creyeron en él. Así que no importa si le vemos o no. La fe significa esperar, sin ver todavía. Nosotros tenemos el privilegio de poder crecer en una verdadera y profunda relación con él.

¿Quieres una relación personal y llena de esperanza con Jesús?

Ved mis manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tocadme y mirad: un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.

Al decirles esto, les mostró las manos y los pies.

Palabras de Jesús en Lucas 24:39-40

Texto bíblico para profundizar: Lucas 24:13-49

¿Realmente está vivo?

¿Realmente está vivo?

Un soldado clavó su lanza en el costado de Jesús. Fluyó sangre y agua, con lo que se confirmaba la muerte. Un fariseo, que creía en Jesús, recibió la autorización de Pilato para llevar el cuerpo a una tumba donde no se había sepultado todavía a nadie. Después pusieron una piedra grande delante de la tumba, su entrada fue sellada y custodiada por soldados.

Entre los seguidores de Jesús había un profundo dolor, temor y pánico. Una de ellos, María Magdalena, fue al sepulcro por la mañana temprano y vio que la piedra había sido removida. Pensó que quizás alguien había robado el cuerpo. De repente, Jesús estaba delante de ella y le habló en su tristeza. Completamente cambiada, corrió a los discípulos: “Jesús ha resucitado como dijo”. Inmediatamente, Pedro y Juan corrieron al sepulcro y todo estaba tal y como les había contado María. Sintieron una mezcla de alegría, esperanza y duda, hasta que apareció Jesús y les habló. Tomás no estaba con ellos y, como dudaba, dijo: “Solo lo creeré si puedo poner mis dedos en sus heridas”. Una vez más, Jesús apareció entre ellos e invitó a Tomás a tocarle, y él creyó.

En otra ocasión fue con sus discípulos cuando estaban pescando. Él ya había preparado el pescado en el fuego. Comió con ellos y les demostró esta verdad: “¡Aquí estoy, estoy realmente vivo!”. ¡La resurrección es la prueba definitiva de que Jesús es el Hijo de Dios prometido! Fue fiel a su misión y obediente a su Padre.

Por eso Jesús es el único camino a la vida eterna. Quien confía en él puede estar seguro de su salvación y de tener parte en el Reino de Dios. Jesús es el Rey de Vida. Primero vino al mundo como Siervo y Salvador, y al final volverá como Rey y Juez.

-¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado.

 Lucas 24:5b-6a

Escríbenos si tienes alguna pregunta.

Comprueba tú mismo estas cosas en Mateo 28:1-15 y 1 Corintios 15:1-58.

Texto bíblico para profundizar: Mateo 28:1-15 y 1 Corintios 15:1-58.

El Hijo de Dios

El Hijo de Dios

“Si realmente eres el hijo de Dios, ¿por qué no bajas de la cruz?”, se burlaban. El mal parecía triunfar en ese momento. La respuesta de un Jesús marcado por el dolor fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Un hombre que fue crucificado al lado de Jesús le pidió: “Acuérdate de mi cuando comiences a reinar”. Jesús le contestó: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. A su discípulo Juan le pidió: “Cuida de mi madre”.

¿Cuidarías de los demás si estuvieras pasando un dolor insoportable y en agonía de muerte? ¿Cómo pudo hacerlo Jesús?

Sus últimas palabras, “Consumado es”, muestran su amor por el Padre y la obediencia a su misión. Su sangre fue el precio para la reconciliación de la humanidad con Dios. ¡El intenso grito de muerte de Jesús en medio de la oscuridad tuvo su eco el domingo de resurrección! La luz del mundo sigue brillando y la esperanza de vida le ha arrebatado el poder a la muerte.

Cuando la tierra tembló y el velo del Lugar Santísimo del templo se rasgó de arriba abajo, el Hijo de Dios restauró el acceso a Dios para todos nosotros. Todos aquellos que confían en Jesús, el “cordero del sacrificio”, serán perdonados. ¡El amor de Dios nos llega a través de Jesús para que seamos reconciliados!

El oficial que lo presenció todo dijo: “¡Reamente este es el Hijo de Dios!”. Al igual que entonces, también hoy, uno se arriesga a que le consideren anticuado o simplemente ignorante si confía en Jesús.

¿Crees lo que declaró el oficial?

Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Lucas 23:34

Texto bíblico para profundizar: Mateo 27:45-54

El Rey de los judíos

El Rey de los judíos

Los soldados fijaron en la cruz un cartel que decía “Rey de los judíos”. Pero vayamos por orden.

El discípulo Judas surgió de entre la oscuridad con algunos soldados. Saludó a Jesús con un beso, y así le traicionó. Después arrestaron a Jesús y lo llevaron ante el tribunal. Los discípulos tuvieron miedo y huyeron. Solo el discípulo Pedro les siguió a cierta distancia y observó todo. Unos testigos falsos acusaron al Hijo de Dios gravemente, pero no pudieron probar su culpabilidad.

El gobernador romano Poncio Pilato se dio cuenta enseguida de que la verdadera razón para este “juicio simulado” eran los celos y la envidia de los cabecillas religiosos. Poco tiempo antes, el clamor de la gente había sido: “¡Hosana al rey que viene!”. Ahora el pueblo, agitado y manipulado, gritaba: “¡Crucifícale!”. Con qué facilidad pueden cambiar los sentimientos…

Pilato se dejó convencer por la insistencia de la multitud. Se lavó las manos para afirmar su inocencia, liberó al bandido Barrabás e hizo crucificar a Jesús. Primero le azotaron, se burlaron de él poniéndole una corona de espinos y le condujeron con la cruz a través de las calles de Jerusalén hasta la colina de Gólgota. Allí es donde en una cruz querían silenciar al rey de los judíos para siempre. La luz del mundo debía ser extinguida y la esperanza de vida debía morir en una cruz. Pero, una vez más, la élite religiosa no había contado con Dios.

Jesús volverá de nuevo como Rey, tal y como dijo que haría. ¡Entonces todos se inclinarán ante él y le reconocerán como Rey, incluso los que le clavaron!

Por tercera vez les dijo Pilato: —Pues ¿qué mal ha hecho? Yo no encuentro en él nada que merezca la pena de muerte.

Lucas 23:22a

Y tú ¿dejas que Jesús sea tu Rey?

Texto bíblico para profundizar: Juan 18:1—19,22

Consuelo en angustia

Consuelo en angustia

Cuando no me siento bien, no tengo ganas de cantar. Jesús es diferente, no se dejó guiar por sus sentimientos. Sabía que iba a morir en la cruz y, a pesar de ello, la noche anterior cantó los Salmos de adoración 115 a 118 junto a sus discípulos, y alabó a su Padre en el cielo, como hacen los judíos hasta hoy en el día de la fiesta de Pascua. Sabía que su Padre siempre estaba a su lado ayudando y consolándole. Más tarde fueron al monte de los Olivos, donde Jesús se retiró para orar a solas. Oró de manera tan intensa que sudó sangre. Tenía miedo de la agonía que le esperaba en la cruz. Pero mucho peor era la pesada carga del pecado que tendría que soportar y por el que debía pagar con su vida. En ese momento de separación de su Padre, Jesús, que no tenía pecado, le arrebató el poder a la muerte para siempre.

Los líderes religiosos rechazaron a Jesús como parte esencial de la construcción del Reino de Dios. Para Dios, Jesús es la parte más importante. Quien construye sobre esta base espiritual tiene a Jesús como piedra angular viva y como consuelo en medio de la angustia de muerte. ¡Sabe que la muerte no es el final!

Algo que parece descabellado resulta ser una realidad divina. En aquel entonces, la “élite” religiosa creía que hacía un favor a Dios crucificando a Jesús. También hoy existe una “élite” que se cree con el derecho de perseguir a los creyentes en Cristo de forma sistemática. Pero Jesús es el fundamento que resiste, podemos ser consolados en medio del temor.

¿Qué piensas sobre alabar a Dios en medio de la angustia?

La piedra que los constructores despreciaron
se ha convertido en la piedra principal.

Isaías 28:16-17 / Salmos 118:22

Texto bíblico para profundizar: Salmos 118:1-29 / Mateo 26:30-46