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En el principio

En el principio

Para satisfacer su necesidad de identidad, el ser humano debe formar parte de una historia. Cuando no tiene nada que contar, pierde vigor y energía. Las naciones, las culturas, los sistemas políticos y los pueblos
tienen su propia historia, la cuna de sus tradiciones. Si ignoramos nuestras raíces, nos perderemos en ideologías y fábulas en las que caeremos presos.

La Biblia describe cómo se fundó la tierra y revela el origen del ser humano. Dios quiso que esta historia se nos transmitiera por escrito, para darnos identidad y estabilidad. La tierra y sus habitantes fueron creados de la nada por Dios. Solo Dios es capaz de hacer surgir de la inexistencia especies maravillosas y vivas.

«En el comienzo de todo, Dios creó…». Así es como comienza la historia de la Biblia. Nuestro Diseñador Divino diseñó nuestro planeta, los animales y las personas. Tú que estás leyendo estas líneas no eres producto de la casualidad. Fuiste creado con amor, con la mejor intención y de una manera maravillosa. Eres parte de la historia de Dios, y no una parte insignificante.

Texto de la semana: Colosenses 1, 14-17 / Génesis 1, 1-25

Vestiduras blancas

Vestiduras blancas

Iba yo con mi tractor esparciendo estiércol en un campo nevado. Disfrutaba dibujando rayas marrones en la superficie blanca. Al día siguiente, todo estaba cubierto por una fina capa de nieve fresca. Aparte de algunos rastros, el campo brillaba con una blancura impecable. El sol hacía brillar la nieve bajo el cielo azul y en la atmósfera se respiraba pureza. ¡Qué maravilloso espectáculo!

¿Y la suciedad y las manchas repugnantes de nuestra vida? ¿Se pueden borrar? ¿Cómo nos deshacemos de nuestros defectos y cargas?

Un día aprendí que Jesús perdona nuestros pecados. El profeta Miqueas utiliza una comparación adecuada: Dios lanza todos nuestros pecados a lo profundo del mar. Nadie podrá sacarlos. Luego, con la ayuda de un consejero espiritual, entregué todo mi pasado a Jesús por medio de la oración. Dios comenzó una obra de transformación en mí que continúa hasta hoy. Mi corazón fue inundado por su amor.

Tenía la impresión de que por fin podría quitarme mis viejos trapos y ponerme unas vestiduras nuevas, blancas y puras (Apocalipsis 3, 5).

Aunque vuestros pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve.

Isaías 1, 18

¿Quieres ese perdón?

Texto de la semana Hebreos 8, 10-13

Un sirviente feliz

Un sirviente feliz

Un hombre trabajaba de la mañana a la noche al servicio de una familia muy pobre. Recibía alimentos, alojamiento y un salario de 20 céntimos al mes, que era lo normal en aquel tiempo. Este sirviente solía ir a la iglesia los domingos, donde contribuía a las ofrendas con 5 céntimos cada semana. Irradiaba alegría y gratitud a Dios, que nunca dejó de proveer para todas sus necesidades.

Hoy, un siglo después, se discute por un lado sobre la nueva pobreza y, por otro, sobre los salarios indecentes de la actualidad. Este sirviente había entendido muchas cosas sobre Dios y las riquezas celestiales. Nuestro bienestar y nuestros deseos insaciables interfieren en nuestras relaciones con los demás, las cuales son esenciales para la vida.

Jesús llamó la atención de sus discípulos sobre una pobre viuda che podía poner muy poco dinero en la ofrenda. «Esta viuda pobre ha dado más que ninguno de los que echan dinero en el arca; pues todos dan de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para su sustento», Marcos 12, 43-44.

Texto de la semana Marcos 12, 41-44

¿Sirven de algo los buenos propósitos?

¿Sirven de algo los buenos propósitos?

Los entrenadores profesionales enseñan que el verdadero progreso solo se logra con gran determinación y un objetivo claro. Cuando notamos que algo está mal, tomamos resoluciones. Luego intentamos reemplazar lo negativo con lo positivo. ¿Cómo lo hacemos?

  • Diciendo un rotundo BASTA al mal comportamiento.
  • Definiendo en la medida de lo posible un nuevo comportamiento.
  • Dando pequeños pasos hacia el nuevo objetivo.

Ejemplo de un nuevo objetivo:

  • Actitud de confianza al comienzo del día: «Gracias, Dios, por la fuerza que me das para avanzar hoy». ¡Y, ahora, me levanto!
  • Actitud de gratitud al final del día: ¡gracias por las cosas positivas que han pasado hoy!

Cuanto más cerca estés de Dios en una relación sincera, más se transformará tu pensamiento y más se enriquecerá tu vida. ¡Haz un balance de vez en cuando! Si necesitas ayuda, puedes escribirnos. Estaremos encantados de aconsejarte.

Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque es fuente de vida.

Proverbios 4, 23

¡Nunca olvides que Dios se interesa siempre por ti!

Texto de la semana: Proverbios 20, 20-27

Las palabras tienen poder

Las palabras tienen poder

Estoy seguro de que alguien te ha dado alguna vez palabras de ánimo. ¿Pero te ha pasado también lo contrario? Las palabras negativas son más difíciles de digerir, por eso muchas personas mayores hablan de cómo las humillaron, por ejemplo, sus maestros. Después de tanto tiempo, las heridas siguen siendo profundas.

Las palabras tienen impacto. Sin embargo, nosotros decidimos qué hacer con las «semillas» que han sido sembradas en nuestra vida. ¿Aceptamos estas declaraciones como verdad o las rechazamos?

¿Estamos sembrando la verdad? ¿Están nuestras palabras sazonadas con amor y respeto? Lo que decimos y creemos tiene implicaciones que nos afectan.

Es bueno analizar nuestras palabras, corregirlas y rechazar categóricamente cualquier mentira. Sembremos ahora paz, alegría, amor ¡y regocijémonos en la fructífera cosecha que vendrá después!

«Lo que se siembra,
eso mismo se cosecha».

Gálatas 6, 7b

¿Conoces el impacto de tus palabras?

Texto de la semana: Gálatas 6, 1-10

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